Soñar es sustentable

Soñar es sustentable

La situación actual nos exige hacer una diferenciación entre el significado popular que se entiende acerca del concepto sustentable, el cual a menudo se relaciona con ámbitos meramente ecológicos llegando al grado de aplicarle etiquetas como “cosas hippies” y entender la palabra desde una perspectiva más integral y a la vez personal, que sea más representativa acerca de la etapa en la que se encuentra la humanidad en este momento. La sustentabilidad en sí no es algo nuevo y aunque esta en la boca de muchos tampoco debe ser catalogada como una moda que pudiera ser solo pasajera. La sustentabilidad es en esencia inherente al ser humano, a su sentido de supervivencia y a la manera en la que nos relacionamos/dependemos de nuestro entorno; así es como nace el concepto de economía en la antigua Grecia hace más de dos milenios, con pensadores como Jenofonte, Aristóteles y Platón principalmente, quienes fueron acuñando el concepto como: la administración de la escases, debido a la falta de recursos con la que se enfrentaban en tales terrenos; con miras a la supervivencia de sus habitantes (egoísmo inherente al ser humano que es la base de la supervivencia y de su desarrollo según muchos otros pensadores con enfoques más utilitaristas). Es así como los seres humanos se preocupan por cuidar el entorno si no bien por mero respeto al medio ambiente, sí para garantizar la estadía del hombre en el planeta y es a través de este fin último que la sustentabilidad se logra dar de alguna manera. Los soñadores sustentables –para mí- son aquellos visionarios, idealistas utópicos que no conformes con las circunstancias de su época deciden dar un paso al lado, detenerse y pensar qué es lo que está mal y ver cómo puede ser mejor el entorno para la mayoría de las personas. Me apoyo ilustrando el caso del señor Robert Owen, enmarcado en la época de la revolución industrial, etapa parte aguas a la que debemos en gran medida el avance económico, social y de calidad de vida que tenemos hoy en día debido a la facilidad con la que podemos disponer de una incontable cantidad de bienes y productos a precios asequibles; aunque no se puede dejar de mencionar que aparte de la introducción de las maquinas, la producción en serie a bajos precios pudo ser posible gracias a las condiciones de extrema explotación a las que eran sometidos niños, jóvenes y adultos obreros en fábricas insalubres y totalmente deplorables donde se laboraba de doce a dieciséis horas diarias y en general no existía ningún tipo de garantía o derecho como los conocemos actualmente. Es en este marco de circunstancias donde el bien acomodado empresario Owen decide hacer un alto y tratar de hacer lo mismo que se venía haciendo a fin de cuentas, pero de forma muy distinta. El creía que el hombre depende totalmente de su entorno natural y social, por lo tanto mejorando las condiciones de vida se puede mejorar el destino de la humanidad, por lo que se debe optimizar el ambiente en el que nos desenvolvemos. Es así como se da a la tarea de cambiar drásticamente las condiciones laborales de los empleados de una fábrica que el dirigía, elevando los salarios, otorgando seguridad social, mejorando la infraestructura de la fábrica para hacerla digna y agradable, reduciendo las jornadas laborales y brindando guarderías y educación a los hijos de sus empleados, esto último en grado sumo pues sabía que mediante la educación se

puede crear una mejor sociedad a futuro. Estaba convencido de que bastaría con algunos de estos ejemplos llevados a la realidad para mostrarle a la humanidad que su modelo utópico en un principiocomo cualquier idea que se sale de las normas convencionales y rompe paradigmas- podía ser llevado a la práctica con mejores resultados para todos los involucrados, provocando así una revolución pacífica basada en la acción divergente. Gracias a él quedan sentadas las bases para los modelos de producción cooperativistas que conocemos hoy en día, donde los beneficios son distribuidos de una forma mucho más justa y la productividad como se ha comprobado

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en muchas ocasiones supera la de los sistemas tradicionales, a fin de cuentas este giro radical nació de una idea, de un sueño en el que las cosas podían y debían ser distintas debido a que la situación no estaba funcionando para la mayoría. Soñar es sustentable porque implica visualizar las cosas de forma radicalmente distinta a lo que existe en la realidad, en una realidad en la que cada día se extingue alguna especie de flora o fauna, los ríos y mares son irreversiblemente contaminados y los bosques talados, una realidad donde la ganancia y utilidad se anteponen a la dignidad de los seres humanos y en muchas ocasiones a la de uno mismo, 1 billón de personas sufren hambre a diario, el 1% de la población tiene más del 40% del capital en el planeta y muchos otros trágicos etcéteras. Siendo esta la realidad de la que se hacía mención al inicio de este texto y que según varios especialistas ya ha ido más allá del punto de retorno debido al enorme daño que le hemos causado a nuestro ecosistema, así como la fatídica necedad con la que esta clavada en cada uno de nosotros ciudadanos y dirigentes la mentalidad del consumo irracional, del: “úsalo y tíralo” “nada se crea ni se destruye, solo se transforma” Éstos son valores prácticos de los que se nutre el sistema capitalista, y paradójica y lógicamente son anti-valores de la supervivencia del ser humano en la tierra y de ésta última. ¿Te has preguntado alguna vez cuál sería tu balance respecto a lo que le quitas al medio ambiente y lo que le aportas en un solo día de tu existencia? ¿Cuánta luz, agua, papel y otros recursos desechas y desperdicias? ¿Cuántas emisiones de carbono provocas? ¿Cuánta agua y aire se contaminaron y cuánta gente se explotó para que puedas disfrutar de unos pantalones nuevos cada 6 meses? ¿Cuántos años va a permanecer como basura el recipiente de café que decidiste pedir para llevar en comparación con el tiempo que te duró el gusto de tomártelo? ¿Cuánto nos aportaba a todos los seres vivos un árbol y cuánto le aporta la silla en la que pasó a convertirse?… ¿Qué le has aportado al ecosistema el día de hoy? La intención de estas preguntas no es apropiarme de un nicho para acusar y señalar de forma injusta a los demás, sino tratar de traer un poco de realidad a la fantasía esquizofrénica colectiva que nos ha envuelto desde hace ya muchas décadas, donde el ritmo de producción y consumo es ilimitado en un mundo que cuenta con recursos limitados. Tal dato debería de ser suficiente para traer de vuelta la racionalidad a nuestras cabezas, pero queda exhibido con creces que no es suficiente, y es a la penosa situación a la que nos enfrentamos. Es necesario aprender y tener el valor de soñar sustentablemente con que cada uno de nosotros es parte de éstos densos problemas pero a la vez parte de la solución. Esa pequeña acción sustentable sí hace la diferencia, pues contrarresta y trata de hacer equilibrio en un balanza en la que uno de sus extremos está posada sobre un precipicio. Soñar sustentable es saber que una persona puede hacer la diferencia contra todo un sistema de convencionalismo autodestructivo, “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena” dijo acertadamente Martin Luther King. Las soluciones y alternativas sustentables están hoy mucho más al alcance de nuestras manos que nunca, vivimos en la era de la información inmediata, actualizada y gratuita, no existe pretexto alguno para seguir haciendo, consumiendo, trabajando, pensando de forma desmedida, egoísta y sin consciencia integral como lo hacían nuestros padres y las generaciones anteriores. Soñar sustentable es creer que pueden existir empresas que no se dediquen a fabricar y vender artículos que no son realmente necesarios para la humanidad; sino productos y servicios diseñados para mejorar la calidad de vida de la sociedad sin agredir el ecosistema que nos sustenta. Soñar sustentable es creer que podemos pasar de ser consumidores que solo se conducen por la inercia de los precios y su conveniencia y se convierten en consumidores informados y

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exigentes de lo que las empresas destruyen y transforman para satisfacer necesidades ficticias y vacíos emocionales. “Todo movimiento revolucionario es romántico por definición” -Antonio Gramsci.

Autor: Miguel Carballo Gallardo

Fotografía: Modern Times, Film

     

0 0 4302 03 diciembre, 2013 Arte y Diseño, Denuncia, Social diciembre 3, 2013

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