Decrecimiento: Para subir, primero hay que bajar.
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Decrecimiento: Para subir, primero hay que bajar.

Decrecimiento, un concepto que de buenas a primeras no encantará a muchos, a menos que se sientan acomplejados por su peso, pero si éste no es el caso, la ideología decrecentista no se acoplará de ninguna manera a lo que tus padres, maestros, amigos, jefes, políticos, etc., te han repetido tantas veces a lo largo de tu vida, porqque “Para atrás ni para agarrar vuelo”-. Para contextualizar un poco la contrariedad de la ideología decrecentista respecto a la concepción general en que opera el mundo, considero importante traer a colación el concepto del PIB (Producto Interno Bruto). Sintetizándolo de forma rústica y ocurrente, el PIB es una medida que sirve a los economistas para segmentar y colocar a los países, ya sea en pedestales, en mesitas de noche o ataúdes. Dicho de otra manera, lo que conocemos como: primer mundo, segundo mundo (término que en la actualidad ya no tiene mucho que ver con la idea original y ha cambiado a “países emergentes”) y el tercer mundo. Es así, como si de ciencia ficción estuviéramos hablando, que en un solo mundo existen 3 –no olvidemos pues, que el ser humano es creativo e inclinado hacia la fantasía por naturaleza-. De acuerdo al valor del PIB de cada país; es decir al valor monetario de su producción anual en bienes y servicios finales es como le toca bailar a cada uno con la guapa, la no tan fea y la catrina. Entre mayor sea el PIB mayor será el bienestar material de la sociedad de la que se habla; y así, la calidad de vida de la población es buena según dicen los expertos, debido a que pueden consumir grandes cantidades de productos. Para que mis compatriotas no se me vayan a asustar, en caso de que no lo sepan nosotros bailamos las cumbias con las mujeres no tan feas, aquellos que sean muy fijaditos pueden pasar a refrescar su garganta con unos tragos de tequila para agarrar valor antes del baile. Enmarcado lo anterior, sobrepasa la obviedad el hecho de que la lógica macroeconómica no le deja más remedio a los países que trepar con uñas y dientes

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los peldaños de los 3 mundos y alejarse de los parias tercermundistas cuanto antes; en términos prácticos ello implica: hacer y deshacer todo lo posible e impensable para aumentar la producción de bienes y servicios y con esto aumentar la calidad de vida de los habitantes de dicho país. Con un simple vistazo a nuestro alrededor podemos caer en la cuenta de que el crecimiento del PIB y por ende de la producción de un país cual sea, no contempla ni lo pretende, el daño provocado al ecosistema en esa carrera desenfrenada cuesta arriba por llegar a la cumbre, eso sí, cayendo con estilo y joyería fina si te tocó la suerte de ser del primer mundo y portando un taparrabos si eres de la pobre y trágica mayoría. Coqueteando quizá mucho con la redundancia, ¿Por qué Estados Unidos, Alemania, Canadá, Suiza, Inglaterra y otros pocos son países ricos donde su población puede tener como hobbie el consumismo desmedido? Porque producen muchos bienes y servicios que tienen un alto valor monetario, a la inversa de Uganda, Haití, Zimbabue, Burundi, Congo y otros muchos donde se produce poco y de escaso valor, dejándolos con nulas posibilidades de comprar bienes, y es así como una aspirina es un lujo en esos lugares y la calidad de vida se encuentra muy lejos de tener algo de calidad. Es en este contexto y paradigma globalmente aceptado donde el mencionado decrecimiento, tema del presente artículo, llega a la casa como un elefante en dos patas y con rayas de cebra, proclamando la disminución regular del crecimiento económico (producción y consumo) en aras de una distribución de los recursos equitativa y la erradicación del consumismo frenético para vivir más en armonía y en la mera realidad de nuestro entorno, elementos que la mayoría de los macroeconomistas calificarían como absurdos y fatídicos para la salud económica y social de los países. Siendo ello así no me puedo quedar con las ganas de recalcar de nuevo que la actual macroeconomía no contempla nunca el daño irreversible al ecosistema e invariablemente ligado a la humanidad que produce su tan mencionado crecimiento económico con base en los continuos aumentos en la producción (PIB). No vayamos a caer en el error de etiquetar el modelo de decrecimiento como las típicas sociedades comunales hippies donde se camina descalzo y no existen los aparatos electrónicos. El modelo decrecentista propone como primer paso, bien se ha dicho ya, desacelerar los ritmos de consumo energético y material por ende de producción, hasta llegar a un punto donde se vaya a la par con los tiempos de regeneración natural de los recursos tomando siempre en cuenta y en cada etapa del proceso que se cubran las necesidades básicas de todos los habitantes, ¿Cuáles son éstas necesidades? Pues las que se supone que cubre nuestro sistema económico actual: acceso al agua, a la energía, a la educación, a la cultura, a los transportes públicos, a la salud y a la seguridad de las personas. Sobre esto, el decrecimiento propone en lugar de la medida del PIB, indicadores sociales y ambientalmente justos, tales como el Indicador de Desarrollo Humano, de Desempeño Ambiental o la Huella Ambiental. Nadie espera que lograr un cambio tan radical sea sencillo, se propone que el cambio en el sistema socio económico venga de abajo hacia arriba, obviamente nadie puede esperar a que las clases más acomodadas, propietarios de los sistemas de producción actuales y de más de la mitad del consumo mundial estén dispuestos a renunciar a ese botín. Es por esto que el cambio tiene que venir desde el ciudadano común y para ello es escencial un cambio y reestructuración en la escala de valores que tenemos actualmente y mudar hacia un sistema de valores con verdadera justicia social y ambiental. Seguramente te parece imposible, pero en paises como francia, italia, españa, irlanda y hasta en nuestro país tricolor (Ecocomunidades) ya existen desde hace tiempo comunidades que se han independizado del sistema capitalista y operan bajo sus propias reglas en armonia con el ambiente y sus miembros, con monedas propias que facilitan el trueque y el autoconsumo. ¿Cómo puedes apoyar la idelogía decrecentista sin irte a vivir a una comuna? Si te parece excesivo el hecho de dejar atrás todo el sistema que conoces y en el que has vivido, puedes promover una sociedad más justa hacia tus conciudadanos y al planeta con acciones sencillas: Compra local, esto ayuda a a reducir drásticamente las emisiones de carbono derivadas del transporte de tus productos y además apoyas a personas que realmente dependen de la venta de sus productos. Consume productos de temporada. Reduce tu consumo energético. Consume responsablemente, antes de comprar algo preguntate ¿Realmente lo necesito o solo lo quiero? (seguramente la propuesta menos popular). Reduce, recicla y reutiliza lo que normalmente considerías como basura. Pero sobre todo, infórmate –googlea-, existen muchas maneras de hacer las cosas pero no nos damos el tiempo de conocerlas, la información se encuentra a tu alcance. Para llegar al sistema capitalista de hoy en día, la humanidad ha tenido que pasar por muchos otros sistemas y corrientes de organización socioeconómica y productiva (comunidad primitiva, esclavitud, feudalismo, mercantilismo) y en todas éstas fases el pensamiento consensuado era que durarían por siempre, nunca ha sido así y el capitalismo no será la excepción “En un planeta limitado, no es posible un continuo crecimiento económico[1]”.

Autor: Miguel Carballo
Fotografía: Alice T y Octavia D.


[1] Los límites del crecimiento, 1972, El club de Roma

1 0 2112 13 enero, 2014 Denuncia, Ecología, Economía, Social enero 13, 2014

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